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Gente normal

Ya me ha comenzado a salir el segundo par de brazos, se habían tardado más de lo esperado, pero en fin, así son las cosas con la biología. Los pequeños muñones me pican un poco, pero logro moverlos al estirar simultáneamente brazos y piernas.

He sentido algunas nuevas emociones, la verdad me siento completo y ya no me avergüenzo. Le he pedido a mi esposa que me mire la espalda y me diga sus impresiones sobre las protuberancias. Sinceramente no sé cómo ha podido amarme durante estos diez años, como ha podido amar a alguien tan impedido como yo, como ha podido dejar pasar por alto la ausencia de dos brazos.

En las dos últimas semanas me he ausentado del mundo que había logrado crear, pese a mi evidente discapacidad, la verdad ahora que sé que mis brazos habían estado allí todo el tiempo, no logro soportar a quienes me rodean en el trabajo: sus voces los primeros días que comenzó el dolor de espalda fueron de burla; todos ellos no dejaban de reírse por ver la ilusión en el rostro, cada uno de ellos ponía una de sus dos asquerosas manos sobre mi hombro, dando a entender que no sería más que una alergia común.

La piquiña se fue intensificando y unas esferas rojas aparecieron en la espalda, la cual a su vez se ensancho y todo el cuerpo adquirió la forma final, para que los brazos crecieran. Los compañeros e incluso los subalternos me fueron dejando a un lado, ya nadie pasaba de levantar ligeramente la mano para saludarme e incluso algunos dejaron ver el desagrado en sus rostros. Ya no era un monstruo como ellos.

Las fotografías que mi esposa tomaba todos los días, mostraban como los huesos iban dividiéndose en dos, tres o cinco protuberancias, las que suponía acabarían siendo mis dedos. Al final de la semana llegó la carta de los accionistas de la empresa; sino volvía para el final de mes, debería vender mis participaciones. Leí una y otra vez la carta a manera de divertimento, volvía a leerla y no podía creer que todos esos discapacitados me estuvieran reclamando algo.

No habrían tenido nada, nadie les habría dado nada, sino fuera por mí. ¿Quién hubiera empleado gente con un solo par de brazos, quién, además de un circo, habría hecho eso? Probablemente ni yo lo hubiera hecho si hubiera crecido adecuadamente, pero el retraso me obligó a buscar opciones, nadie me quería en su equipo, no era lo suficientemente bueno. Si no hubiera sido porque vi la oportunidad de mostrarle al mundo que ese segmento poblacional podía ser útil si se le brindaba una mano, nunca habrían creado la compañía: dos manos son mejor que una, yo les brinde todo, les alenté e incluso permití que compraran participación en la empresa.

En fin, qué importa. Ya me brotará el segundo par de brazos y podré fundar una empresa dedicada a la ropa deportiva, podré realizar todos mis sueños y quien querrá a un grupo de lisiados desagradecidos.

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